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COLUMNA DE OPINION

Ley del Músico. Opina Marcelo Moguilevsky

¿Quién es artista? ¿Cómo se forma? ¿Quién lo podría evaluar?

¿Es el que sale en la tele? ¿O el que vende muchos discos? ¿O es el que nos muestra su titulo de conservatorio? ¿Es aquel que frente a un examen de idoneidad no desafinará y atinadamente, compondrá una melodía?

Imagino que, a diferencia de un médico, un ingeniero o un gasista quienes se manejan con la responsabilidad sobre la vida de otras personas, los músicos podemos hacer lo nuestro mal o bien pero el oyente siempre puede cambiar el dial, ir a escuchar otra cosa y elegir con que llenará o vaciará su espíritu.

Imaginar que una ley decidirá si nuestro discurso musical es idóneo, si lo que voy a cantar, tocar o componer será bueno o malo para la sociedad me aterra y por supuesto, atenta contra la libertad de expresión.

No quisiera imaginar la cara de John Cage, Hugo Diaz, Jackson Polock o al mismísimo Mozart, intentando explicar que lo suyo es arte para poder ejercer.

La sociedad a través de sus mecanismos de venta y consumo premia (salvo sagradas excepciones) a músicos sin ninguna sensibilidad ni conocimientos artísticos. Esos personajes serían sin duda indiscutidos por el comité examinador del sindicato. “Millones de moscas no podrían estar equivocadas”.

Un sindicato no puede regular y colegiar a ninguna disciplina artística. Es preocupante pensar como impactará en los adolescentes y generaciones venideras. Recordemos como suenan las primeras monedas ganadas en un escenario, situación que enseña tanto o más que la academia. Ya es una tremenda prueba la de subirse a un escenario repleto de ilusiones y miedos a gritarle al mundo que uno existe y que vino a expresarlo a ese bar, ese teatro o la calle misma, para anticiparse a ese momento yendo al sindicato a dar su examen pagando $96. Uno se forma en el arte ejerciendo de manera permanente y no poco dolorosa la facultad de expresarse ante un oyente. La sociedad tiene tijeras suficientemente largas para ir cortando las alas a los que no pasan esas pruebas.

La ley del músico sería una tijera más que potente contra el artista y su sentido de existir: mostrar su singularidad saliendo del molde. El sindicato marca en una nota del diario La Nación de hace dos días que los DJs no son músicos, aunque ellos pertenecen a nuestra disciplina, el arte de combinar los sonidos. Este comentario es lo que más me preocupa: que desde la ley se baje las normas que delimitan quien es artista y quien no, qué es la música, y quién tiene derecho a cobrar un honorario por lo que canta, silba, palmea o estornuda.

Mi temor es el de estar pagando para subvencionar a una policía musical que apretaría a los pocos espacios independientes (bares, boliches, centros culturales, etc.) para quienes ya es un milagro subsistir económicamente o pasar las múltiples trabas (luego de la tragedia de Cromagnon) para ser aceptadas por la municipalidad. Esos sitios que mueven miles de artistas, músicos independientes, de los que trabajamos cada tanto, somos los que seremos perseguidos por los inspectores del Sadem que nosotros mismos pagaremos pidiendo aportes imposibles ya que sus cajas recaudan tantas veces menos de lo que necesitan para sostenerse, dando pérdidas. El sindicato no estaría cuidando nuestras magras fuentes de ingreso sino llevándolas al cadalso.

La ley achica nuestra fuente laboral y atenta contra la libertad de expresión. Por esto es inconstitucional .

Probablemente no sea ésta la situación de músicos con puestos fijos de trabajo como orquestas, canales de TV, etc., cuyos lugares deben ser protegidos y blanqueados. Entonces la ley deberá diferenciar a estos músicos dependientes de los independientes. Los independientes mediante esta ley seremos privados de nuestra supervivencia promoviendo nuestra ilegalidad. Los músicos independientes pagamos flete, pagamos seguro de sala, pagamos sonidista, pagamos plomos, pagamos Sadaic, pagamos IVA, pagamos monotributo o impuesto a las ganancias, pagamos agente de prensa, pagamos viáticos para llegar al trabajo, y todo esto sucede sin saber cuanta gente vendrá a oírnos esa noche. A partir de ahora deberemos pagar también a este organismo policial que decidirá si somos idóneos.

Este sindicato representa a un pequeño sector de músicos del país. Todos los demás seremos controlados por esta minoría que no representa a los independientes, sin ofrecer nada a cambio ya que la obra social y la jubilación son de aporte personal y voluntario.

Marcelo Moguilevsky



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