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Hoy vamos a darle un giro a nuestras temáticas habituales... dejemos por esta vez de lado el análisis objetivo de la música. Es más, no pensemos en la música. Pensemos en lo que la rodea, en lo que produce... en lo que la convierte en alimento del alma: está presente en casi todos los momentos de nuestra vida. ¿A quién no asalta la nostalgia al escuchar los acordes que nos acompañaban diez años atrás? ¿Quién olvida la primer canción que bailó con su pareja? ¿O las tiernas melodías que mamá entonaba para que durmiéramos felices? Es imposible no ver que la música tiene ese "no sé qué" capaz de unir a las personas... si todavía no logran captar la idea, imaginen un parque, dos personas y una guitarra. En menos de quince minutos, varios curiosos se habrán detenido, y tal vez alguno hasta se haya animado a participar. ¿Por qué pasa esto? Creo que nadie puede saberlo con exactitud... se me ocurre que es porque la música es de todos, es un lenguaje universal que nos permite expresar lo que sentimos y comunicarnos con el otro a un nivel que las palabras no podrían jamás alcanzar. Es justamente esta "magia" la que convierte a la música en algo artístico, porque podemos decir cosas. ¿Qué tal si aprendemos a entenderlas?
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