Sinceramente, no sé cómo escribir sobre estas cosas, no sé cómo traducir en palabras comprensibles la mezcla de asco, bronca, miedo y dolor que me deja lo que pasó en Cromagnon. No puedo más que expresar mi solidaridad hacia las víctimas y pedir, aunque sé que suena utópico, que el 2005 aleje a los inconscientes e inadaptados del mundo de la música.