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Vivimos en un tiempo de incertidumbre e inseguridad, donde los valores permanentes se están volviendo pasajeros, donde casi nadie se salva de ser arrastrado por la sociedad de consumo: el dinero, el prestigio, la falta de compromiso. Vivimos en una sociedad angustiada, agotados física y mentalmente, nerviosos, con una confusión espiritual a la que nos llevan los conflictos que aturden al hombre de hoy: el dinero en manos de unos pocos, el poder que esclaviza, el hambre, la falta de trabajo, la corrupción, la desigualdad de oportunidades … El mundo vive aquí y allá en guerra, o al borde de ella …
En este contexto tan sombrío … ¿todavía nos interesamos por el arte en cualquiera de sus expresiones?
La respuesta es categórica: ¡si! Concretamente, en lo concerniente a la música, hoy más que nunca ésta forma parte de nuestras vidas.
Observemos situaciones sencillas: el conductor de un taxi, que siempre tiene una radio sintonizada en su Fm favorita escuchando la música que le hace más llevadero el hecho de dar vueltas por las calles a la espera de algún pasajero; entremos a un negocio o a una galería, o a un shopping, y escucharemos la música de moda que nos hace disfrutar mejor el tiempo que dedicamos a una compra o a un simple paseo. Vayamos a un parque y nos encontraremos con jóvenes que en un improvisado “escenario” tocan sus canciones favoritas mientras los ocasionales paseantes se detienen a disfrutar y distraerse.
Caminemos por los largos pasillos que nos conducen a una estación de subte y casi siempre nos encontraremos con algún músico que desgrana una melodía para que alguien le deje aunque sea una moneda.
Innumerables espectáculos gratuitos, a la gorra, o de muy bajo costo, se ofrecen en anfiteatros, plazas, lugares al aire libre en general, salas, teatros, etc.
Cientos de alumnos se inscriben anualmente en Conservatorios, Academias o Escuelas de Música. Cientos de grupos o conjuntos se forman para cantarle a la vida, al amor, al futuro.
Todo esto no hace más que reafirmar que a pesar de todo, en medio de la sombra se busca la luz, como la planta que se inclina para captar los rayos del sol. Sí, nos interesa que nuestro espíritu se exprese y se recocije en el arte para que podamos sentirnos un poco mejor.
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