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Es común que cuando está por finalizar un año, todos hablemos de hacer un “balance”.
Técnicamente hablando en un balance se analizan los resultados de la actividad realizada durante un período, generalmente un año. Trasladando este concepto a la vida de cada uno el balance anual compara proyectos y logros, sueños y realidades, alegrías y tristezas, tantas cosas… que sólo dependen de las más íntimas necesidades nacidas del corazón y de la vivencia del individuo.
¿Cuántos proyectos, sueños y alegrías habrán quedado en el camino? ¿Cuántas veces en este año la dura realidad nos dio más de un cachetazo? ¿Cuántas veces pudimos hacer algo por el otro para que su vida no fuera tan dura? ¿Cuántas veces defendemos la vida, luchamos por la justicia, somos solidarios con el que sufre?
¿Soy solidario con el otro cuando…
... voy en un transporte público y sube un anciano o un discapacitado, y me hago el trabajador sacrificado que se queda dormido sentado, o saco la cabeza por la ventanilla porque de repente me atraen las bellezas de la gran ciudad?
... alguien necesita de mi ayuda, y le digo que no tengo tiempo?
... un amigo quiere que le “ponga el oído” porque está mal y necesita ser escuchado, y no lo hago?
... en mi comunidad busco no tanto hacer, como que se enteren que hago, para quedar bien con el superior o encargado de turno?
... en mi trabajo, oficina, etc., “piso cabezas” para tratar de estar primero?
Este balance es mucho menos técnico pero más profundo que el que se nos presenta a través de los medios de comunicación, de las propuestas comerciales o de los “aparatos” que arman los centros de compras para “festejar” la llegada de un nuevo año.
Tratemos de empezar un cambio desde el lugar en que nos toca estar a cada uno. Aceptemos con humildad nuestros errores y sepamos disimular los ajenos. Tratemos de saber hablar y de saber callar a tiempo.
Tratemos que en los grupos de trabajo reine la comprensión y el amor, practiquemos la discreción, y seamos fundamentalmente sinceros, condición indispensable para el buen funcionamiento de un equipo y una buena relación entre sus miembros. No seamos ligeros para juzgar y lentos para ver a los más necesitados.
Finalmente, pidamos por una humanidad donde la violencia sea vencida con la dulzura, la fuerza por el amor humilde, el egoísmo por la generosidad, el aburrimiento por el descubrimiento maravilloso de la vida. Una humanidad donde no haya odios raciales, sociales ni religiosos, injusticias ni conflictos. Una humanidad donde los ancianos no se vean marginados como cargas inútiles, donde los últimos sean los primeros, los discapacitados, enfermos y pobres se sientan ayudados solidariamente con gestos concretos.
Si logramos aunque sea algo de todo esto, nuestro “balance” ya estará demostrando que la “empresa” por la que estamos trabajando ya ha comenzado a dar sus frutos.
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