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Tenía muchas ganas de escribir en esta oportunidad, no sobre alguna técnica de canto, sobre algun ejercicio musical adecuado o alguna información musical nueva, sino sobre un hecho de bastante actualidad y que a algunos les puede llegar a perjudicar mucho más que el llegar a poner una nota fuera de lugar o el no respirar adecuadamente, por ejemplo.
El hecho del que hablo es de algo que nos puede llegar a resentir otra parte de nuestro ser mucho mas difícil de subsanar que algo físico, y me estoy refiriendo a... nuestra moral.
Para hablar de algun atentado a nuestra moral se me ocurre en esta ocasión hablar un poco de los famosos y tan en boga “castings”, donde se eligen a algunos pocos que teóricamente saben o pueden, y donde se rechaza a muchos más.
El que suscribe está hablando desde el haber pasado por cuanta prueba, casting o audición en su momento le llegaba información. Aunque mi época de exámenes, pruebas, audiciones y castings ya la he pasado hace rato... o quizás debería decir ya la he superado.
Creo que ésa es una parte o un momento de la formación de uno que en determinado momento de la vida es... hasta necesaria. Allí uno se confronta con sus iguales, conoce gente, puede ver en el punto en que uno se encuentra parado, lo que sabe uno y lo que saben los otros, lo que no saben... y lo que se está pidiendo en el mercado al cual se intenta acceder.
Para cuando uno tiene veinte años aproximadamente, creo entonces que son muy buenas estas pruebas pero, como yo ya por mi puente he visto pasar mucha agua, puedo ahora ver a la distancia la crueldad con que se trata a aquellos que aspiran a dedicarse a una carrera artística donde lo que impera, vale decir el motor de su búsqueda, no creo que sea casualmente la fortuna que van a ganar, sino en la mayoría de los casos sólo el amor que sienten por lo que están haciendo o empezando a estudiar.
En muchos casos se trata de buscar “ganadores”, no conformándose con el hecho de reunir gente sólo para disfrutar de lo bello que es cantar, por ejemplo...
Una vez tuve un “alumno” ,y eso de alumno va entre comillas porque esa persona vino dos veces solamente, que quería que lo prepare para alguna de estas audiciones donde convocan jóvenes valores. Muy a mi pesar lo tomé, cosa que usualmente no hago, pero recuerdo que lo primero que hice hacerlo sentar y hablarle.
Le dije en primer lugar: “... no soy mago, sólo profesor de piano y canto" (en dos clases no puedo preparar a nadie y el que diga que lo puede hacer va a estar mintiendo; en cuatro meses como alguna de estas audiciones pretende, tampoco). Dejando eso de lado y con muy buena intención le seguí aclarando... "el estudio requiere tiempo, y como decía un músico amigo... elegí siempre el camino largo que va a ser el más rápido". En segundo lugar: "... decime, si no te eligen... ¿vos te vas a seguir dedicando al canto?”
Una vez una amiga muy sabia me dijo dónde está el amor y la convicción hacia lo que uno hace: "... si un público no te aplaude y vos estás convencido de haber dado lo mejor de vos, y te gustó cómo lo hiciste... vas a seguir enamorado de lo que hacés..." ¿o no? ¡gran interrogante!
Será que sólo nos preparamos para las formas o que nuestra intención es la de ser “famosos” nada más y no nos importa la calidad, el arte y el saber o no saber, el cantar o el ejecutar con calidad... Obviamente al no quedar seleccionado, este alumno... ¡no apareció más...!
Por otro lado, yo no pondría jamás las manos en el fuego por la transparencia de dichos certámenes ya que... ¡el Instituto del Quemado está superpoblado...!
Así es que tampoco estamos teniendo una respuesta cierta y real de nuestras verdaderas condiciones o no, para dedicarnos a determinada tarea. ¿Qué hacer entonces?
Lo que recomiendo siempe es ... hacer lo que nuestro corazón nos dicta, y no dedicarnos a algo porque está de moda, porque con eso suponemos que ganaremos plata, o porque eso nos hará ser conocidos o tener popularidad.
Siempre creí mucho más en los alumnos trabajadores que en los que son sólo "talentosos”. Conozco albañiles muy felices, maestros muy contentos, comerciantes muy satisfechos y también músicos muy en paz con lo que han elegido, y ninguno de ellos ha ido nunca a ningún casting..., o sí... pero si han ido y les han dicho que no, no han por ello dejado la carrera que tanto amaban (entre ellos me incluyo), y sólo han permitido que el peor jurado de todos califique lo que ellos hacían, el jurado que a veces es el más fuerte, el más tajante de todos, el que a veces no nos perdona y que casualmente... ¡es uno mismo!
Hay una edad en que es muy importante acudir a castings ya que uno tiene que foguearse y aprender, pero yo ahora (luego de haber concurrido a pruebas por mas de quince años aproximadamente) me empiezo a dar cuenta de que ya no necesito que alguien me califique, alguien que me de una posibilidad, alguien que me diga que tengo condiciones o que no tengo, alguien que me acepte o no...
He llegado a un punto en que me doy cuenta que las cosas son diferentes en esta hora ... En realidad, las posibilidades me las tengo que empezar a dar yo, la calificación me la da la sinceridad que a esta altura fui ganando conmigo mismo, o en todo caso la gente que escucha lo que hago...
El que tiene que acordarse y decirse siempre que lo que uno hace vale la pena (siempre trabajando mucho para ello), el que tiene que reconocer todo el estudio transitado y caminado, soy en primer termino... yo mismo.
La vida no se divide tanto en ganadores y en perdedores, no hay mayor perdedor... que el que nunca lo intenta... Hoy ya no quiero competir con nadie para hacer lo que me gusta, ya no quiero ser ni mejor ni peor que nadie para hacer lo que en verdad amo, que es la música... Hoy ya no espero más que algún día “me llamen” para hacer lo que en verdad quiero empezar a hacer ¡hoy mismo...!
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